Un paisaje cambiante de luz y agua que invita a mirar despacio, a respirar hondo y a dejarse llevar por el ritmo natural del mar.
La bahía nunca es la misma.
Cambia con la luz, con la marea, con el paso de las horas.
Un paisaje vivo, siempre distinto.
Cada imagen es una forma distinta de acercarse a la bahía.









El primer reflejo del sol sobre el agua.
Todo empieza en silencio.
La luz se abre, el azul se intensifica.
El paisaje respira amplitud.
Colores que se apagan lentamente.
El día se despide en silencio.
Cuando el mar se retira, el paisaje se abre.
Aparecen formas, texturas y caminos ocultos.
La bahía muestra otra cara.
Recorrer la bahía no es avanzar deprisa.
Es detenerse, escuchar el agua y dejar que el paisaje marque el paso.
Detalles que pasan desapercibidos si no se mira despacio











Mareas que transforman el paisaje
Aves que cruzan el cielo en silencio
Verde que abraza la orilla
Cambiante, siempre distinta
La bahía no se contempla.
Se escucha, se respira, se recuerda.